El fin de las interrupciones (Cómo generar tiempo para tus trabajos creativos)


Había una vez una joven llamada Lucía que trabajaba en una oficina. Tenía un escritorio, una PC, un teléfono y en el mismo espacio abierto habían otras 15 personas.


Su trabajo tenía tareas rutinarias pero también algunas que requerían cierta creatividad. Estas últimas tareas requerían pensar soluciones para problemas de fondo, iniciativas de mejora y crecimiento. Su jefe le pedía avances en estos proyectos pero Lucía estaba estancada. Argumentaba que sufría permanentes interrupciones, que quería concentrarse pero no podía.


Cuando su jefe le pedía más explicaciones, ella le decía que su cubículo era el lugar favorito de sus compañeros, quienes le preguntaban cualquier cosa, relacionada al trabajo o no.


El teléfono sonaba todo el tiempo y ante la mirada incisiva de sus colegas, no le quedaba otra opción que atenderlo. Y hablando de sus compañeros, para Lucía era inevitable escuchar sus conversaciones: qué le dijo un cliente enojado a Romina, cuántos goles hizo Germán en el último partido, o qué va a pedir Carla para almorzar.


Tampoco nos olvidemos de las reuniones y “calls”, que cada una duran 30 o 60 minutos y Lucía debía de escuchar de fondo, por más que no estuviera invitada. Ni que hablar de Ricardo, quien amaba llamarla por teléfono para decirle “te mandé un mail.”


Habemus Coronavirus


Y un día todo cambió. Al declararse el aislamiento obligatorio por la pandemia, Lucía debió seguir trabajando desde su casa.


Pero de repente las cosas son muy diferentes. Ya no escucha a sus compañeros de fondo, nadie la visita en su escritorio, ni tampoco la miran mal cuando no atiende (o pone en silencio) su teléfono por un rato. Al recibir un mensajito (por WhastApp, Teams, Slack o donde sea) no tiene porqué verlo y responder instantáneamente.


De pronto siente que puede trabajar mejor, dedicando tiempo de calidad a las tareas que nunca antes podía hacer.


El fin de las interrupciones


Hay una gran frase de Eleanor Roosevelt que parece sacada de un libro cursi de autoayuda que dice “nadie puede herirte sin tu consentimiento”. Coincido 100%; es una gran verdad. Entre la ofensa y el dolor siempre está el PERMISO que damos a ese mensaje para que nos hiera.


Lo mismo sucede con las interrupciones trabajando desde casa.

Nadie puede interrumpirte sin tu consentimiento


Para que alguien pueda interrumpirte trabajando desde tu casa, primero debés PERMITÍRSELO. Porque es posible silenciar todas las notificaciones, los mensajitos y el teléfono. Si hacés eso, nadie puede interrumpirte.


Y lo mismo aplica volviendo a la oficina. Por ejemplo, al trabajar una hora o dos en una sala de reunión. O estableciendo días libre de reuniones o interrupciones. Es más complicado pero también se puede.


A ponerse las pilas…


¿Cuándo vas a escribir ese documento, realizar ese análisis, diagramar esa estrategia, diseñar ese producto…?


Ya no hay excusa para la falta de concentración y el trabajo creativo. Al menos, la excusa de las interrupciones de los demás ya no es válida. Sólo nos queda enfrentarnos a nuestra propia procrastinación que siempre encuentra argumentos muy convincentes para evitar que hagamos las tareas que no nos gustan.


Siempre van a haber razones para postergar, pero si eliminamos las interrupciones vamos a estar mucho más preparados para desplegar nuestra creatividad.


Trabajar desde casa ya no es un beneficio. Es un requisito para la productividad de la empresa moderna.



Fuente: Ponerse En Marcha

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