Hundir el Titanic. Qué hacer si tenés un compañero muy agrandado.


Hoy se cumplen 109 años del hundimiento del Titanic, el naufragio más famoso de la historia. No sólo por lo dramático en pérdidas humanas (más de 1.500 personas murieron ese día), sino también por lo trágico de su destino: el barco más grande del mundo, construido con los mejores estándares del momento, se hundió en su viaje inaugural.


Casi todos hemos visto la película con Kate Winslet y Leonardo DiCaprio que nos permite fantasear sobre qué pudo pasar. Pero más allá de la ficción, hoy me gustaría que analicemos la historia real de Edward Smith, el capitán del Titanic.


El Rockstar de White Star Line


La carrera naval siempre tuvo un prestigio especial, más aún a finales del Siglo XIX. Antes de la aparición de los aviones, los barcos eran el único medio de transporte disponible para un viaje transatlántico. Y la compañía White Star Line, de capitales británicos, era la más importante del mundo (todavía lo es, bajo el nombre de Carnival Corporation, dueña de una flota de más de 100 cruceros).


Con 30 años de edad, Edward Smith ingresa a trabajar en White Star como cuarto oficial en una de sus embarcaciones. Su crecimiento es explosivo y solamente 7 años más tarde ya comandaba su primer navío. Después de un tiempo de servir en la Royal Navy, vuelve a la empresa y su fama cada vez es mayor. Le encargan capitanear el Baltic (el más grande del mundo para el año 1904), luego el Adriatic (otra vez el más grande en 1907) y luego el Olympic (sí, nuevamente el más grande del mundo para 1911). El capitán Smith era el empleado estrella de la compañía.


Después de una larga carrera sin incidentes se ganó el apodo de “el capitán seguridad”. Y era tan famoso, que muchos millonarios sólo cruzaban el Océano Atlántico si Smith estaba al mando.


Para resumir, tenemos a un verdadero rockstar. Una especie de Cristiano Ronaldo de la navegación, trabajando para la empresa más importante del mundo en su industria, comandando las embarcaciones más grandes y mejores construidas de la historia.


Sin embargo, en la cima de su carrera, cuando había logrado todo, cuando tenía todo, ya muy cerca de su retiro, algo cambió.


De estrella a estrellado


Tan sólo 6 meses antes de asumir el mando del Titanic, el Capitán Smith tuvo un grave incidente cuando su nave, el Olympic, colisionó con un buque de guerra (hay que chocar un barco con otro 🤔). El percance fue un desastre financiero para White Star. Producto del incidente se tuvo que demorar la construcción del Titanic.


Con semejante responsabilidad y daños ocasionados, cualquiera hubiera esperado que le pidan a Smith “que se tome un tiempo” o “que disfrute de su jubilación”. Pero el capitán Smith era demasiado famoso. Probablemente habrán considerado que fue un hecho aislado, por lo que, luego del incidente, y con el Olympic en reparación, le asignan el Titanic, el barco más grande y lujoso del mundo.


Creo que todos sabemos qué pasó después. Cuatro días después de zarpar desde Inglaterra, impacta con un iceberg y el Titanic se hunde, junto con el 70% de quienes iban a bordo. El Capitán Smith decide quedarse en el barco y también pierde su vida.


Tiempo después de su muerte se levantó una estatua con su figura. Se lo recuerda como un héroe, quien frente a la adversidad mantuvo la calma y que hizo tanto como pudo por la seguridad de su tripulación y sus pasajeros… ¿?


White Star, su empresa empleadora, que venía de un desastre financiero seis meses atrás por un “desliz” de Smith, ahora pierde por completo otra nave a su mando, más millones de dólares por las demandas que implican semejante tragedia.


¿Accidente?


Existen varios motivos para cuestionar el desempeño de Smith y recordarlo en forma no tan romántica luego del desastre ocasionado. Veamos sólo algunos:

  • El día del incidente, el Titanic recibió SEIS alertas sobre icebergs en su ruta de viaje. Todas fueron ignoradas.
  • Las condiciones de hielo en la zona eran las peores en los últimos 50 años. Había icebergs por todos lados. Estaban navegando en algo equivalente a un campo minado. Sin embargo, se siguió el mismo curso.
  • El Titanic iba a una velocidad demasiado alta, lo que dificultaba enormemente su capacidad de maniobra.
  • Los botes salvavidas (que eran insuficientes) fueron muy mal administrados. Podían albergar a 1178 pasajeros, pero sólo 710 fueron embarcados. Sólo por esa mala gestión al menos 468 personas murieron.


Nunca sabremos qué pasó por la cabeza de Smith esos días. Era un hombre exitoso, reconocido, confiado, con mucho poder, con excelente track record, que cada desafío que tuvo enfrente fue superado. ¿Cómo pudo obrar tan mal luego de haber obrado tan bien en su vida?


Yo tengo mi teoría.


Es muy posible que su ego le haya jugado una mala pasada. Su exceso de confianza le hizo realmente creer que ÉL era como el Titanic: un hombre invencible. No importaba la velocidad, el riesgo, las alertas. Con él al mando todo debía salir bien. Pero, por desgracia, no fue así.


¿Qué podemos aprender de este caso?


Todos queremos que nos vaya bien, sin dudas. Pero cuando tenemos una racha exitosa, vamos reforzando nuestras creencias y encontrando evidencia para justificar que nuestro accionar es el correcto.


Con mucha facilidad también ignoramos la ayuda que tienen los factores externos. Creemos que somos los únicos responsables y hacedores del éxito. Claro está que cuando las cosas salen mal, los factores externos aparecen como por arte de magia para explicar la realidad. En ese caso, somos las pobres víctimas del contexto.


Pero volviendo a las buenas rachas, este mecanismo de refuerzo entre nuestras acciones y los buenos resultados tiene su lado oscuro. Nos aleja tanto del fracaso que nos creemos invencibles. Y en ese momento los errores se pagan caros.


¿Qué hacer con el “Cristiano Ronaldo”?


En primer lugar trabajo en equipo y liderazgo. Puede pasar que alguien esté volando a 1.000 metros de altura subido a su ego. Pero si hay un equipo y ese equipo tiene el liderazgo suficiente para plantear sus diferencias, tal vez sea posible nivelar las expectativas y tomar cartas en el asunto. El equipo debe interpelar a ese líder. No queda otra.


En el caso del Titanic esto no se vió. Pese a que los riesgos eran obvios no se planteó el peligro a Smith. Con actitud pasiva se aceptó el curso de acción del Capitán por miedo a la confrontación. Tristemente, el conflicto hubiera sido preferible al desenlace real. El esquema “donde manda capitán no manda marinero” puede ser muy peligroso.


En segundo lugar, ayudando a recordar sus orígenes y sabiendo que el éxito es temporal. El famoso súper capitán Smith no era parte de la realeza británica. Fue el hijo de un alfarero nacido en un pueblito del interior. Con mucho esfuerzo y talento se habrá hecho su camino, pero empezó de abajo.


Me parece interesante recalcar la diferencia entre SER el capitán y TRABAJAR de capitán. Más allá del título honorario, no deja de ser un puesto, que como todo en la vida, es temporal. Hoy sos el capitán, hoy sos el número 1, hoy ganaste la Champions, mañana tal vez no.


Para concluir, la tradición dice que “el capitán se hunde con su barco”. Considero admirable esa actitud del capitán frente a las crisis. Pero en la frase, nos enfocamos sólo en el capitán. Si el barco se hunde, también se hunden los pasajeros y la tripulación. Cuando la suerte cambia, creo que un capitán nunca debe olvidar que hay otros que pagan la cuenta.


Saludos, Maxi Hapes.



Fuente: Ponerse en Marcha

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