¿Qué es el síndrome del impostor? (y por qué debemos dejar de diagnosticarlo)


Una emprendedora nos cuenta lo que sintió al arrancar su negocio. “Mi primera reacción, naturalmente, fue dudar de mis capacidades…”


Cuando empezamos Backstartup, jamás imaginé que iba a terminar dirigiendo el barco. Los 4 socios fundadores: Adriana, Diego, Cristian y yo, definimos nuestros roles en un comienzo y Diego asumió el rol de CEO. En 2017, después de varios cambios de CTO, él decidió enfocarse en liderar el área de tecnología y retirarse como CEO. En ese momento me llevé una sorpresa porque la mayoría de mis socios (cofundadores e inversionistas de Backstartup) promovieron mi nombramiento como su reemplazo, ya que, en su opinión, yo contaba con las habilidades necesarias para llevar nuestra operación al siguiente nivel.


Mi primera reacción, naturalmente, fue dudar de mis capacidades: no solo porque no creía que fuera la persona indicada, sino porque no entendía bien qué quería decir ser la CEO de una startup.


Todas las personas con las que compartía mi autoduda, me diagnosticaron lo mismo: Síndrome del impostor. Este falso síndrome vio la luz por primera vez en 1978 cuando dos psicólogas clínicas, Pauline Clance y Suzanne Imes, publicaron el estudio “El Fenómeno del Impostor en Mujeres de Alto Rendimiento.” De acuerdo con el estudio, existe un alto porcentaje de mujeres de alto rendimiento que consideran que su éxito se trata de suerte y no tiene nada que ver con su talento o calificaciones.


El estudio, que fue revisado por Clance en 1993, reforzaba el concepto de que el fenómeno del impostor es “la experiencia psicológica de creer que los logros de uno no se produjeron a través de capacidad genuina, sino como resultado de haber sido afortunado, haber trabajado más duro que otros, o haber manipulado las impresiones de otras personas […].” y que este afecta por igual a hombres y mujeres.


Con base en lo que les he contado, parecía fácil explicar mi autoduda. Mi reticencia a asumir el rol de CEO tenía que estar fundamentado en que no estaba convencida de que contaba con las cualidades o características necesarias para serlo y por ende, estaba sufriendo de síndrome del impostor. Si es algo que según el estudio The Impostor Phenomenon, de Jaruwan Sakulku, afecta al 70% de las personas en algún momento de sus vidas, ¿por qué no me iba a poder pasar a mí?


Para superar mi síndrome del impostor o, al menos aprender a vivir con éste, quise hacer mi propio estudio, entrevistando a distintos CEO de startups y negocios tradicionales. Lo primero que me sorprendió fue que, a pesar de haber pasado por un programa de aceleración como 500 Startups y contar con una red de pares bastante amplia, cuando salí a preguntarles qué habilidades debía tener y qué se esperaba de mí en mi nuevo rol, me di cuenta de que todos los CEO a quienes conocía, con excepción de una persona, eran hombres. Y no eran pocos.


Hay tanta disparidad de género que hoy en día, de acuerdo con el más reciente WhitePaper de Endeavor y MasterCard, sólo el 23% de las Startups en América Latina cuentan con una mujer en su equipo fundador.


Esto, en mi opinión, genera un sesgo muy importante para las mujeres que lideramos empresas de tecnología: Al no haber suficientes referentes de liderazgo femenino y sobre todo, de éxito, creemos que para ser un líder exitoso se necesita ser hombre o, que debemos adoptar estilos de liderazgo muy masculino.


Con el tiempo me di cuenta de que hablar del síndrome del impostor es simplificar al extremo un problema mucho más de fondo que empieza desde el desconocimiento. Nadie nos prepara para ser el o la CEO. De hecho, en palabras de Ben Horowitz, general partner de uno de los fondos de inversión con más renombre en el mundo, “Andriessen Horowitz”, ser “CEO es un trabajo muy poco natural”.


Mi “síndrome del impostor” no surgía de la autoduda, es más: me atrevo a decir que ni siquiera era el síndrome del impostor. Mi problema era de falta de información y miedo a lo desconocido: a no entender qué quiere decir ser la CEO de una startup (algo sobre lo que escribiré en futuras columnas); de no saber qué habilidades se necesitan para liderar una empresa y de mi absoluta ignorancia sobre cómo se levantaba capital. Pero sobre todo, por la falta de modelos a seguir en el mundo del emprendimiento que sean mujeres.


Por eso creo que debemos dejar de decirle a las personas que sufren de síndrome del impostor. Al hacerlo, damos una explicación superficial a algo que puede ser un problema de fondo: El síndrome del impostor puede ser falta de instrucciones claras, falta de mentoría, miedo a algo que no conocemos y a reconocer nuestras capacidades. Entender la real causa de lo que genera inseguridades nos da herramientas para enfrentarlas cara a cara y también nos ayuda a ser mejores líderes para nuestros equipos.


Hoy en día conozco muchas más mujeres emprendedoras que están dispuestas a compartir su experiencia, sus aprendizajes y también, saber qué les funcionó y qué no o en qué fracasaron. Esto me llevó a crear, junto a Adriana, mi socia, una iniciativa que llamamos Fearless: Mujeres Emprendiendo, un espacio para oír y aprender de la experiencia de otras mujeres. Se trata de conversaciones con emprendedoras que ya han transitado parte del camino y cómo vencieron sus propios miedos y retos al emprender. Este proyecto, que estamos publicando todos los miércoles y el tiempo, me han enseñado a superar muchas de las creencias que alimentaban mi mal llamado síndrome del impostor. Algunas de ellas, las describo a continuación:

  • Creencia 1: “Para levantar capital se necesita ser agresivo. Si no tomas el deal ahora, pierdes la oportunidad de tu vida”: En realidad para levantar capital necesitas tracción. No se necesita ser agresivo, aunque es uno de las muchas estrategias que funcionan. Se necesita ser auténtico y demostrar una pasión genuina por resolver un problema.
  • Creencia 2: “Solo los líderes agresivos y estrictos crean equipos exitosos.”: Cada persona tiene su propio estilo de liderazgo. Siempre que traté de ser alguien que no soy, me salió el tiro por la culata. Y un liderazgo agresivo, fácilmente se puede traducir en un liderazgo del terror y que tus colaboradores te sigan por miedo y ese mismo temor, los lleve a no señalarte errores que puedes estar cometiendo como CEO.
  • Creencia 3: “Para tener un emprendimiento exitoso se necesita ser hombre”: Se necesitan muchas cosas que no dependen del género: Resolver un problema, oír a los clientes, crear un gran producto. Se necesita estar siempre dispuesto a seguir aprendiendo, tener un gran equipo, rodearse de personas que compartan tu pasión y que sepan más que tú. Hay grandes ejemplos de mujeres emprendedoras exitosas, empezando por Whitney Wolfe Herd, fundadora de Bumble.
  • Creencia 4: “Para ser CEO, necesitas saberlo de todo”. No creo que todo, pero si tienes que entender muy bien cómo funciona tu empresa y aprender a priorizar. No debes ser un especialista en finanzas, pero sí deberías saber cómo se gasta o invierte el dinero; no debes ser un experto en tecnología o desarrollo de software, pero sí debes conocer cómo funciona el producto o servicio que ofreces. En definitiva, debes ser capaz de armar un equipo donde cada integrante conozca muy bien su área de trabajo y que tú puedas hablar en el mismo idioma (laboral) con esa persona.



Fuente: Entrepreneur

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